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ENVEJECIMIENTO NORMAL – ENVEJECIMIENTO PATOLÓGICO

¿Es normal todo envejecer?
La vejez puede ser un camino hacia la sabiduría o hacia la anulación del sujeto

El Trabajo de Envejecer:
A través de las marcas en su cuerpo y desde su ubicación social, el ser humano reconoce que envejece. Pero en su esencia, en lo que hace a sus fundamentos, es atemporal.
Reconocemos nuestra condición temporal cuando nos detenemos a comparar, a evaluar. Mientras vivimos, desde el psiquismo inconciente, la vejez no existe.
Lo que sí se da a nivel psíquico es precisamente la realización de este trabajo ( el trabajo psíquico del envejecer ), que consiste en ir metabolizando esas marcas, al mismo tiempo que se lucha por sostener las esencias propias, por mantener despierto a ese niño que se lleva adentro, un niño más sabio cada vez.
La cuestión radica, entonces, en el ínter juego entre el núcleo atemporal, y el registro de la temporalidad, en que sea un camino fácil de recorrer ida y vuelta y no un camino vedado.
Lo esencial para un buen envejecer, consiste en poder sobrellevar la discordancia entre lo que se es y lo que se parece. Poder aceptar que uno se siente joven, pero que el cuerpo envejece.
Si no fuera por esa discordancia, uno se olvidaría de la finitud.

SENTIRSE JOVEN

Cuando una persona mayor afirma que se considera joven no esta hablando desde su cuerpo o desde las categorías sociales, esta hablando “desde adentro de sí”, desde su percepción interior, lo cual no se contradice, salvo en algunos casos, con su reconocimiento de tener muchos años.
La respuesta mayoritaria es que se sienten personas mayores, pero no viejas. Podemos comprobar que la única denominación que no ofrece conflicto es la que se refiere a su condición de “Mayores, de Adultos Mayores, de Gente Mayor, Gente Grande”.
Esto confirma que no niegan tener muchos años, ser viejos en edad. Lo que rechazan es que se los ubique en una categoría distinta a la de “adultos”, aunque se sepan mayores. Rechazan que se los defina como viejos, no solo por el contenido despectivo que se le pueda dar a la palabra socialmente, sino por la connotación que posee en el plano vivencial el sentirse viejo.

SENTIRSE VIEJO

Desde lo psíquico, la vivencia de sentirse viejo, de estar viejo, es absolutamente relativa a cada uno y sus circunstancias: en qué momento vital, en relación con qué o para qué. Se puede ser viejo para algunas cosas pero no para otras. Se puede serlo sin sentirlo y sentirlo sin serlo. Esta es la particularidad de la vejez en el ser humano porque es la particularidad del ser humano: la discordancia entre lo que se siente, lo que se aparenta y lo que se es.

¿QUÈ ES LO QUE PSICOLÓGICAMENTE SE ENTIENDE POR SE VIEJO?. Perder la capacidad de asombro y de curiosidad, por no estar dispuesto a cambiar y seguir luchando.
Siempre que uno se siente viejo (cualquiera sea la edad que se tenga) se refiere a “estar entregado”, “sin ánimo”, “sin ilusiones”.
Y no es porque se piense que todos los viejos están así. No es siempre por prejuicio.
Lo que los mayores defienden es que se acepte la discordancia entre los que se saben viejos pero no se definen como viejos, porque no se sienten viejos.

VEJEZ NORMAL

Un viejo normal es aquel que puede compensar pérdidas con ganancias.
No todo es pérdida en la vejez: las mismas limitaciones hacen que se pueda disfrutar de otras cosas que no se podían o no se sabían disfrutar en etapas anteriores.
En contrapartida tenemos aquel viejo que sufre por no poder “llegar primero” es alusión directa a una autoestima que sólo se sostiene en tanto grandiosa. Estas personalidades, asentadas en el narcisismo de llegar primero, de ser el primero (“y si no, no serás nada”) son las que no ayudan a un envejecimiento normal.
La vida plantea situaciones de cambio: de costumbres, de normas, de valores: cambio cultural frente al cual un viejo normal puede reflexionar, tomar partido a favor o en contra, pero no reclama un supuesto privilegio por se viejo. Admite las diferencias generacionales y es capaz de autocrítica. Puede criticar y criticarse.
Para que exista dialogo intergeneracional y pueda sostenerse e necesario que el viejo se valore y sea valorado, sea escuchado, pero que el también sea capaz de valorar lo nuevo y reconocer sus propios límites y los del tiempo que a él le toco vivir. Es un beneficio mutuo: esto permite en el viejo la aparición de la reminiscencia (recuerdos evocados con placer), que ayudan a elaborar el duelo por la vida pasada- al contar con un destinatario joven a quien pasar la posta.
Cuando el paso del tiempo no se soporta y se necesita encontrar un culpable por lo perdido, el dialogo no se sostiene. Se pasa a una actitud querellante que fomenta la lucha intergeneracional, al ubicar un enemigo imaginario – los jóvenes – como causante de la herida narcisista que suscita en estos casos la vejez, adquiriendo así el carácter de duelo patológico, con su característica nostalgia.
Si se piensa que todo pasado fue mejor y que del futuro no se puede esperar nada bueno, es que se vive un presente abatido.

¿SE ENVEJECE COMO SE HA VIVIDO?

Hoy estamos en condiciones de replantear a qué nos referimos cuando decimos: “como se ha vivido”, a fin de poder actuar preventivamente y poder cuestionar el sentido fatalista de esta frase, incorporando la posibilidad de cambio en el envejecer.
Con el envejecer sucede algo así como cuando las aguas crecen y nos inundan, el problema no es meramente de la naturaleza. El problema es el factor humano que no actúa responsablemente, al no ser previsor acerca de las consecuencias de su actuar o de su falta de actuar.
De la misma manera, el problema no es “la vejez”. Cuando los vientos fuertes del envejecer ponen a prueba nuestros cimientos, lo que se pone en juego es la posibilidad que hayamos tenido de darle sentido propio a nuestra vida.
Que la vida en la vejez pierda su sentido, generalmente tiene que ver con toda una vida sin sentido.

Según el poeta Roberto Juarroz:
“ HAY POCAS MUERTES ENTERAS. EL CEMENTERIO ESTÁ LLENO DE FRAUDES”.

Lo que está en juego en un sano envejecer, desde un punto de vista subjetivo, es no defraudarse a sí mismo.

Bibliografía: “Hacia un buen envejecer”
Dra. Graciela Zarebski

 
   

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